Cuando Pedrito y el lobo llegan a la política: Unas mentiritas nada de blancas

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Todos alguna vez hemos escuchado la fábula de “Pedrito y el lobo”, la del niño que mentía a la gente diciendo que venía el lobo hasta cuando este antagonista aparece y nadie le hace caso a nuestro infame protagonista, generando un final nefasto para el niño. Esta misma fabula podemos llevarla a situación política mundial contemporánea, como gran ejemplo tenemos al ex presidente de Estados Unidos Donald Trump quien en sus redes sociales manifestaba la existencia de un supuesto fraude electoral en su contra con los votos por correo o el mismo caso de Ecuador, donde varios candidatos que no salieron electos exponían que ocurrió fraude electoral contra ellos, dentro de todos los países veremos casos similares donde se acusa de un posible o existente fraude para apoyar al establishment. Ningún país y menos su institución electoral correspondiente no está ajeno a que ocurra un acontecimiento fraudulento en alguna elección pero es muy distinto el escenario cuando son pruebas inexistentes o de bajo calibre, solo puede traer problemas para nuestros sistemas políticos.

Como primer punto, al momento de acusar un fraude electoral debemos estar seguros que hay pruebas, que existieron observadores presenciando tales hechos debemos llevar tales acusaciones a las instancias judiciales correspondientes, para el caso contrario lo único que generas es un sentimiento de desconfianza hacia el proceso electoral, creando que tu electorado mantenga esa duda e inquietud respecto a toda la elección y es cuando vemos por redes sociales “X candidato no es mi presidente” erosionando a todo el sistema político nacional. Como una sugerencia para cada uno de nuestros países es que cuando ocurra esta situación, se le sancione al candidato que mintió al momento de acusar fraude cuando no existió tal hecho, ya que está generando un daño político y social considerable, dentro de su rol y responsabilidad pública. Sumándole mejoras a la institución electoral correspondiente, las leyes y fiscalizaciones electorales.

Como segundo punto, muchos de los candidatos quienes acusan fraude electoral basan su argumentación en que ciertas encuestas le daban un resultado victorioso. Con lo anterior, de forma primordial debemos entender que las encuestas son herramienta de investigación que permite recolectar datos tales como opiniones y actitudes de un grupo de personas a través de un cuestionario que es aplicado a un grupo reducido de una población denominada muestra, dejando en claro que las encuestas electorales no deberían expresar las preferencia de quienes las hacen y los resultados de las encuestas electorales no determinan la elección final, no podemos confiarnos en los resultado entregados como una verdad absoluta. Para ir concluyendo, en estos tiempo de alta fluidez de información de dudosa calidad, el monitoreo constante y el uso de redes sociales, como sociedad debemos ser responsables de nuestros dichos y actos, con mayor énfasis en quienes quieren o son parte de nuestra red pública.

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