La democracia durante la Segunda República.

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Tras el fracaso del gobierno de Dámaso Berenguer a propuesta de Miguel Primo de Rivera, y los sucesivos intentos del rey Alfonso XIII para encontrar una persona que tomará las riendas y se hiciera cargo del régimen monárquico y por tanto, la frustración del breve período de la denominada dictablanda, se convocan elecciones, primero municipales, y más tarde a las Cortes, con carácter Constituyente.

El 12 de abril de 1931 tuvieron lugar las elecciones municipales. Este acontecimiento abrió paso a un nuevo orden político. Cuando las primeras informaciones de la prensa confirmaron el triunfo moral de los republicanos, estos se echaron a la calle en muchas ciudades, abriendo paso a una auténtica revolución popular de carácter pacífico. En casi todas las capitales de provincia de España había logrado ganar los republicanos. El 14 de abril se proclamó la República oficialmente. Esta situación llevaría a Alfonso XIII abandonar España rumbo al exilio, sin haber abdicado ni renunciado a la Corona, mientras se limitaba a esperar en el exilio a que las circunstancias posibilitaron su retorno.

El establecimiento de la Segunda República significó un cambio transcendental que incluía la sustitución o la reforma de muchas de las instituciones vigentes con la Monarquía. El objetivo primordial de este nuevo régimen tenía un carácter innovador respecto a algunas
cuestiones. Nacía bajo un espíritu democratizador y reformista con el propósito de convertir al país en un Estado moderno, laico e inclusivo, alejado del característico caciquismo, el atraso industrial y agrario, y eliminar la inmovilidad social y el abuso de poder de la iglesia católica, apartando a esta última del ámbito educativo.

Un claro ejemplo de ello fue la elaboración de un proyecto constitucional, la Constitución de 1931, en la cual se discutieron algunos temas de gran controversia como la organización del Estado o el poder de la Iglesia Católica. Esta Constitución supuso un notable avance porque exponía la defensa de derechos humanos, como a su vez, protegía derechos individuales y sociales. Se establecieron derechos como el aborto, el divorcio o el matrimonio civil. A pesar de sus imperfecciones, esta constitución era de las más democráticas de cuantas habían estado en vigor en España hasta la actual Constitución

La Segunda República desfiló por varias etapas. Durante una de sus primeras etapas, la cual se corresponde con el llamado Primer Bienio, o denominado también reformista, que abarca desde el invierno de 1931 hasta el verano de 1933, gobernada bajo la coalición de partidos que presidía Manuel Azaña, se intentó llevar a cabo novedosas reformas, destacando algunas de ellas como la educativa, con la que se pretendía reducir las altas tasas de analfabetismo dentro de la sociedad española y que además se estableció la universalidad de la enseñanza; la reforma agraria, que trataba de acabar con el retraso acaecido en el campo español e intentó crear una dinámica social y laboral libre de abusos; o la reforma militar, con un proyecto claro, convertir al ejército en un ejército más moderno y eficaz. Esta etapa se caracterizó como la más dinámica y fructífera, en la que se anticiparon las grandes líneas del reformismo republicano y las grandes preocupaciones sociales que alentaban los representantes de la izquierda republicana y socialista. Sin embargo, el proyecto republicano de los años 1931-1933 fue un fracaso, debido al cambio político provocado por las elecciones de noviembre de 1933, y sobre todo, la ruptura bélica de 1936.

Las elecciones de noviembre de 1933 supusieron un cambio notable en el rumbo de la República. A partir de entonces, y hasta febrero de 1936, se extiende otra etapa denominada bienio radical-cedista, o bienio negro, caracterizada por un tono más conservador y por la revisión de gran parte de la labor reformista del bienio anterior e incluso llegando a oponerse a las reformas llevadas a cabo.

Además, durante el período republicano, la Segunda República tuvo que hacer frente a los numerosos procesos insurreccionales cuya única intención era dinamitar el régimen republicano, con ejemplos como el intento de golpe del general SanJurjo en el verano de 1932, como grupos opositores como los fascistas, los monárquicos, e incluso, tramas cívico-militares por parte de la Unión Militar Española (UME) o algunos generales como Mola o Queipo de Llano.

Otros dos acontecimientos claves fueron los asesinatos del teniente de la Guardia de Asalto, José Castillo, a manos de pistoleros de extrema derecha, y el de Calvo Sotelo, en respuesta a este suceso, por parte de los compañeros policías del teniente Castillo. El país quedó sobrecogido por el doble crimen, que serviría como prólogo al golpe militar. De hecho, la muerte de Calvo Sotelo alentó a algunos de los conspiradores.

Las elecciones de febrero de 1936 dieron la victoria al Frente Popular, cuyo ansiado triunfo, fue el eficaz resultado de la unidad de varias organizaciones izquierdistas para derrotar políticamente a la coalición de centro-derecha. Mientras tanto esta última se hundía a consecuencia de los escándalos políticos, en los que se vio envuelto el Partido Radical.

Entre febrero y julio de 1936, el Gobierno del Frente Popular intentó desarrollar medidas que facilitarán el retorno a la política reformista del primer bienio, pero el desorden público y las tensiones surgidas entre socios gubernamentales y no gubernamentales dentro del Frente Popular, impidieron que cuando estalló la Guerra Civil no se hubiera realizado gran parte de la labor proyectada.

El resultado de las elecciones confirmó el triunfo del Frente Popular, que resultó favorecido en el reparto de los escaños por la ley electoral. La izquierda triunfó en las ciudades y áreas industriales y periféricas. La derecha dominó ambas Castillas, Navarra, Baleares y bajo Aragón.

Tras conocerse los resultados, que daban la mayoría absoluta al Frente Popular, en la capital de España comenzaron los rumores de un próximo golpe de Estado. En diversos sectores se pedía la simple anulación de las elecciones y el presidente de la República, Alcalá Zamora, urgió a Manuel Azaña para que asumiera la Jefatura del Gobierno.

Con el triunfo del Frente Popular, la primavera de 1936 se presentó agitada y llena de numerosas violencias. El preludio de lo que sucedería tiempo más tarde se produciría a partir del mes de abril, con los altercados que tendrían lugar entre simpatizantes izquierdistas y falangistas.

Dejando a un lado el debate acerca de si la Segunda República fue verdaderamente democrática o no, lo que sí ciertamente hay que reconocer, es que se trataba de un régimen innovador con la intención de modernizar un país atrasado con más similitudes con los antiguos estados feudales que con las renovadoras democracias europeas. Sin embargo, por otro lado, hay que tener en cuenta, que durante los casi 5 años que estuvo en vigencia la República, el proyecto republicano transmitió ciertas debilidades . Padeció errores como la falta de un sistema de partidos y una estrategia de alianzas que le hubieran permitido el establecimiento de gobiernos más estables y duraderos, la falta de un consenso en torno al modelo constitucional que se estableció en 1931, la capacidad de repartir el poder, y por último, una escasa concienciación y movilización democrática por parte de la sociedad . Ahí radicaba su fragilidad democrática.

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