Del paraguas búlgaro al té ruso

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Del paraguas búlgaro al té ruso

22 personas han leído este artículo.El vocabulario político está lleno de palabras rebosantes de emoción que van directas a los sentimientos más profundos y que

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22 personas han leído este artículo.

El vocabulario político está lleno de palabras rebosantes de emoción que van directas a los sentimientos más profundos y que ayudan a cubrir discursos vacíos con una pátina de ideologismo y honradez a todas luces incierta.

Libertad, democracia, derechos humanos, participación política…, todas ellas se usan en casi todas partes, desde la redacción de las constituciones nacionales, hasta en los discursos de los líderes políticos, pasando por la redacción de leyes y normas de diferente rango.

Lo único que tienen en común todas es que, en su mayoría, no cumplen con el mínimo de contenido real que debieran tener para considerarlas éticamente justas dentro del contexto en el que se suelen utilizar.

EN EL CONTEXTO RUSO… OTRA FORMA DE “ENTENDER» LA DIVERSIDAD POLÍTICA

Hace unos días fue noticia el envenenamiento del opositor al gobierno ruso Alexei Navalny tras un viaje a Tomsk (Siberia), en el que se reunió con la oposición política de la zona. Varios días después, y tras su ingreso en un hospital alemán, se confirmó que fue envenenado posiblemente a manos del servicio secreto ruso.

Existe una concepción un tanto especial en la historia contemporánea rusa sobre la diversidad política y su relación con el papel de la policía política, la KGB y sus reproducciones a pequeña escala en las antiguas repúblicas soviéticas, y los servicios secretos.

Sobre el papel, la integridad moral es nítida, y como se puede leer en la Constitución rusa de 1993, se reconoce en su capítulo primero a Rusia como un Estado de Derecho, federal y democrático (art. 1) en el que se reconocen la diversidad política y los partidos políticos (art. 13). Luego, la realidad es otra.

La situación política rusa es especialmente singular debido a la deriva que vino tomando desde la caída del bloque soviético. El desarrollo de una cultura democrática moderna en la que participación y justicia se desarrollen en la medida que un estado democrático lo requiera se encuentra ausente actualmente, ya que no hubo voluntad alguna de resolver la compleja estructura estatal que resultó de la caída de la URSS: un parlamento ruso elegido con la Unión Soviética aún en pie, un presidente también elegido en el período soviético, un remiendo de constitución, poca voluntad de cambiar para evitar males mayores y un modelo de gobierno que hace las delicias de un presidencialismo con exceso de poder.

UNA TRADICIÓN ARRAIGADA: DEL PARAGUAS BÚLGARO AL TÉ RUSO

Si hay un hecho transversal en la historia de la política rusa y cuyo método exportó a las pequeñas repúblicas soviéticas, ese fue el de la labor de los servicios secretos como herramienta para alcanzar y mantener el poder político del país.

Del mismo modo que actuaba la KGB en Rusia, también lo hacían la Stasi en la República Democrática Alemana y el HVA (su servicio de espionaje), la UB en Polonia o la ÁVO en Hungría. Historias como las de Nosenko y su relación con el asesinato de Kennedy, o la del asesinato de Markov, cubren una historia de persecuciones y cribas al más puro estilo soviético.

El 7 de septiembre de 1978 Georgi Markov, periodista del servicio búlgaro de la BBC, se encontraba en el puente de Waterloo cuando alguien le pinchó en la parte trasera de su muslo derecho con la punta de un paraguas. Cuatro días después murió por envenenamiento con ricino al parecer por órdenes del gobierno comunista de Bulgaria.

Debido a la repercusión que tuvo este acto y a lo novelesco de su desarrollo, a este tipo de actuaciones de los servicios secretos rusos se les conoció como el paraguas búlgaro, a pesar de que dicho método no haya sido tan empleado como sí lo fue el envenenamiento del té, por ejemplo.

QUIÉN ES ALEXEI NAVALNY

Alexei Navalny, ingresado en el Hospital Charité de Alemania y que fue intoxicado tras ser diluida en su té en el aeropuerto de Tomsk una sustancia inhibidora de la colinesterasa (una enzima que participa en el proceso neurotransmisor), es la posible última víctima del servicio secreto ruso.

Actualmente está siendo tratado con un antídoto, la atropina. Está en estado grave y, aunque parece que su vida no corre peligro, las secuelas neurológicas van a ser graves.

Navalny es uno de los principales opositores políticos al régimen de Vladimir Putin, al cual acusa de cobijar bajo su poder a una oligarquía corrupta de altos cargos gubernamentales en la que incluye a personajes tan destacados como Medvédev, Zólotov o la directora de RT, Margarita Simonian.

En 2012 creó el Fondo de Lucha contra la Corrupción (FLC) para focalizar su labor de lucha contra la corrupción y puso en marcha proyectos para testar los contratos de adjudicación de la administración y denunciar las operaciones fraudulentas.

Navalny, que sabe lo que es la intimidación debido a su posicionamiento político, ya sufrió otro envenenamiento en el verano de 2019 mientras que cumplía condena en la cárcel tras ser intoxicado con un producto químico desconocido, ya que los médicos que le atendieron diagnosticaron el suceso como una reacción alérgica.

OTROS OPOSITORES QUE SE ENFRENTARON AL RÉGIMEN

Otra que también sufrió las inclemencias del té ruso fue la periodista Anna Politkóvskaya, la cual fue una voz muy crítica contra los delitos cometidos por el bando ruso durante las guerras chechenas. A pesar de sobrevivir a la intoxicación provocada por un té envenenado en 2004, dos años más tarde sería encontrada muerta a tiros en su piso de Moscú.

En relación a este caso, está el asesinato de Litvinenko en 2006, antiguo agente del KGB que se encontraba huido en Londres desde el año 2000 y que acusó al gobierno de Putin de la muerte de Politkóvskaya. Su muerte se debió a varios fallos cardíacos provocados por el envenenamiento del té que tomó con el radiactivo polonio-210.

En 2015, el opositor ruso Vladimir Kara-Murza entró en coma tras un fallo multiorgánico y que se recuperó posteriormente con asistencia hospitalaria. Dos años después volvió a ser envenenado, sufriendo un fallo renal agudo a causa de una alta concentración en sangre de manganeso, mercurio y zinc. Kara Murza hizo públicas varias denuncias contra la falta de democracia en Rusia y desempeñó a su vez un importante papel en la campaña para aprobar la Ley Magnitsky, una ley que persigue a extranjeros acusados de corrupción y violaciones a los derechos humanos que fue aprobada en 2012 e inicialmente fue dirigida a funcionarios rusos y otras personas implicadas en el crimen del abogado ruso Sergei Magnitsky en noviembre de 2009.

El otro caso famoso es el del antiguo espía del Kremlin, Sergei Skipal. Residente en Reino Unido tras salir de la cárcel en Rusia tras trece años encerrado, se convirtió en objetivo de los servicios secretos rusos por haber entregado información a los servicios de inteligencia británicos. En marzo de 2018 fue intoxicado con Novichok, un componente químico de tipo militar de fabricación rusa que afecta directamente al sistema nervioso, y al que finalmente pudo sobrevivir.

El pluralismo, la democracia, la participación política o el respeto a las diferentes identidades de una nación son una serie de prerrogativas que siempre casan bien sobre el papel, pero que a la hora de llevarlas a la práctica chocan habitualmente con una serie de intereses oligárquicos que, en el caso ruso, se inmiscuyen en una red de relaciones singulares con los poderes fácticos del Estado.

Como dijo Churchill en una ocasión sobre Rusia, No puedo adelantarle las acciones de Rusia. Es un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma, pero quizá haya una clave. La clave es el interés nacional de Rusia.

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