Un Gobierno desleal a los españoles

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«El deber de un verdadero patriota es proteger a su país de su gobierno.» – Thomas Paine

Me tiene muy preocupado el Gobierno de España.

Por un lado da una completa sensación de estar improvisando para la inmensa mayoría de las cosas importantes para la ciudadanía, como resolver la crisis sanitaria o crear unas condiciones adecuadas para el crecimiento económico. Pero por otro, y esto es lo que me tiene realmente en un sinvivir, parece tener un plan bien tramado para socavar cada uno de los cimientos de la sociedad española y borrar los pocos vestigios de legitimidad democrática que no habían sido derruidos tras cuarenta años de cleptocracia oligocrática (y un poco oligofrénica también).

No sé muy bien por dónde empezar a soltar pestes, sobre todo teniendo en cuenta que me estoy jugando el tipo con cada párrafo que publico. Que sea lo que tenga que ser, lo más despreciable de la corrección política es la autocensura, me siento como si violaran mi mente y no lo puedo tolerar. No hay mayor honor para el intelectual que estar en las listas de fusilables de todos los energumenos.

Me cuesta hacer un orden de gravedad con respecto a las barbaridades que está haciendo este Gobierno, así que voy a optar por sacar la basura en función del asco que me produce.

Hoy sacaré un par de cosas, en posteriores artículos pondré más, es demasiada mierda para un solo post.

Lo que más asco me da es lo que tratan de hacer con la libertad de expresión, lo que de hecho ya están haciendo. Si lo de los vínculos de Newtral con el PSOE ya resulta una absoluta burla a la verdad y un auténtico insulto a los conceptos de neutralidad e imparcialidad, nuestro Gobierno se permite ir mas allá. Ahora han tenido la brillante idea de crear un organismo dependiente del gabinete del propio presidente de Gobierno que tiene la potestad de cerrar webs y medios sin mediar de una decisión judicial.

Sí, ya tenemos el Ministerio de la Verdad que pronosticó Orwell, y el viejo George de rojos liberticidas sabía bastante.

Además, con medios digitales como ELISA, la herramienta que usa el CNI para «perseguir desinformaciones». Un CNI que se dirige por una comisión en la que está Pablo Iglesias, nada menos que un politólogo experto en comunicación política.

Me parece un ataque frontal contra los principios propios de la democracia y, desde aquí, desafío a un debate cara a cara sin trucos ni preguntas pactadas a cualquier representante del Gobierno de España que tenga la integridad como para dar explicaciones delante de la ciudadana (si lo hay, que lo dudo mucho).

Otra cosa que me parece muy preocupante es lo que está sucediendo en Canarias con la inmigración ilegal, ¿de verdad los poderes públicos no son capaces de buscar soluciones legislativas?. No entiendo la utilidad de una clase política que parece que vive en una burbuja al margen de los problemas reales de los ciudadanos.

¿Cuántos subsaharianos caben en las islas sin que se provoque un colapso institucional y un conflicto social?, ¿cuánto dinero nos cuesta el mantenimiento de esa gente?, ¿no sería más importante en estos momentos ayudar a los autónomos o a los parados que ya no tienen cobertura?, ¿y si lo invertimos en I+D+I para dejar de ser un país de camareros y albañiles?

El trabajo de los políticos es, entre otras cosas, promulgar leyes que protejan y den cauce a las aspiraciones colectivas de la nación española, de nadie más.

Cuando vemos a los políticos servir a unos intereses que no son los de los ciudadanos que integran la nación, no hay que olvidar que eso tiene un nombre, Alta Traición. Ya sea Soros (la primera persona que visitó a Sánchez cuando llegó a la Moncloa, fuera de agenda curiosamente), la UE, un banco o un fondo de inversión.

Si los políticos están legislando para favorecer a alguien que no sean los españoles no son ni más ni menos que traidores. Traidores de la peor calaña.

Y la última ha sido ya una burla, con dos cojones van y suben el autónomo en septiembre y octubre. Este mes la gente se va a encontrar con un aumento de la factura que pagan por ejercer su derecho al trabajo, que los hoteles de los inmigrantes ilegales y los chiringuitos feministas no se mantienen solos. Lo que no entiendo es cómo no se rebela la gente y promueven una insumisión fiscal. El día que paren los autónomos se cae el Estado, y eso sucederá más pronto que tarde, cuando ya no les salgan los números. Se pasarán al B de pura necesidad, no como los partidos, que se supone que deben ser ejemplares, que lo hacen para sobresueldos y trapicheos varios (volquetes de putas o mandar al chófer a por cocaína, por ejemplo).

¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿En que momento esta panda de caraduras empezó a tomarnos por gilipollas?

Esto no da más de si, hay que recuperar el control del Estado por parte de la nación. Ese Leviatán al que hay que matar antes que nos mate. Si tu patria es un himno y una bandera déjame decirte que cabe en una caja de zapatos.

Y no, las instituciones tampoco son tu patria. Tu patria son tus vecinos, el resto de contribuyentes que con nuestros impuestos sostenemos ese artefacto fallido llamado Estado español que se supone debe vigilar el contrato social, y se ha descontrolado. La gente a la que la clase política esta avasallando (sí, convirtiendo en vasallo) son la única nación que importa. El resto solo son símbolos y artefactos, pero en ningún caso son los que merecen nuestra lealtad y respeto más allá de la que se ganen. La patria que te quieren vender solo es el último refugio de los sinvergüenzas, la que importa, la única importante, está siendo chuleada por los que se supone trabajan para nosotros.

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