Las pandemias como principio de grandes cambios

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Antes de la primavera del 2020 nadie en España esperaba que un virus cambiara el rumbo de la historia como lo ha hecho la COVID-19. Desde el tele-trabajo, las restricciones, el enorme aumento del paro y acciones que veíamos tan normales como darse la mano o dar un simple abrazo u otras medidas como guardar la distancia social o limitar el número de personas en las reuniones han ido cambiando nuestra forma de vivir y ver el mundo actual. No hay duda alguna que una pandemia puede transformar la forma en que percibimos el mundo, acabar con las estructuras económicas antiguas e influir grandemente en las luchas de clases y de poder entre las naciones creando una nueva forma de gobernanza. Veamos algunos ejemplos.

La peste Antonina y la peste de Cipriano (165-262 d. C)

Nos resulta casi imposible saber exactamente el número de muertos en aquel tiempo pero podemos conocer que este fue el desencadenante de una profunda transformación social, económica, política y religiosa del imperio.
En el área religiosa del Imperio Romano imperaba por un lado el politeísmo y por otro lado el cristianismo era una religión emergente monoteísta en auge y completamente confrontada con aquel paganismo imperante. El cristianismo estaba formado en aquella época por alrededor de 40000 seguidores que no llegaban ni a cubrir un 0,1% de la población romana total.

Tras esta catástrofe, los romanos huyeron de los brotes de la peste y se comenzaron a confinar con la esperanza de evitar la infección e huir de la enfermedad. Por otro lado los cristianos, que eran personas de poca economía, bajos medios y en su mayoría esclavos, se mantuvieron centrados en los cuidados de los enfermos tratando de estimular la recuperación de las personas infectadas siendo movidos por su ética. También fue debido a que la mayoría de éstos eran los encargados de realizar dichas tareas en las casas de los amos romanos a los que servían.

Finalmente tras las muchas muertes, los cristianos y sus descendientes con el paso de los años fueron desarrollando una mayor inmunidad al estar en constante contacto con el virus, lo que las masas profanas vieron como una especie de favor divino en contraste a la vida recluida que llevaban las élites. Los cristianos aprovecharon estos eventos para trasmitir el evangelio y así aumentar exponencialmente el número de sus filas durante la peste. Muchos oradores emitían incesantes mensajes condenatorios a aquella forma de vida romana y las calles se hacían eco de las culpas de los graves efectos de la peste predicando que eran debidos a que esas costumbres paganas y prácticas inmorales romanas habían traído el juicio de Dios.

La pandemia en tiempos de Justiniano y la caída de Roma (542 d. C)

Esta plaga apareció aproximadamente alrededor del 542 d. C y perduró hasta el 755 d. C, acabando con la vida del 50% de la población romana. Entre 24 y 100 millones de personas murieron, se paró totalmente la economía del imperio, agotó las arcas del estado y éste mermó en potencia, tecnología y en capacidad militar.

Tras este debilitamiento, las fuerzas del califato islámico en Arabia, que habían sido vencidas y controladas años atrás ya no pudieron ser confrontadas de igual forma. Además éstas no fueron afectadas por la plaga y tomaron así la delantera. Tras esto, el mundo mediterráneo que antaño estaba unificado por el comercio, la política y la religión romana quedó roto surgiendo así el emergente poder islámico en el lado de la cuenca mediterránea oriental.

Los siglos VII y VIII en la era de Bizancio sería una época de crisis, plagada de dificultades externas ya que el Islam fue conquistando las regiones más ricas del imperio y se le sumaron los continuados ataques de búlgaros y eslavos; También las numerosas luchas internas influyeron muy negativamente contribuyendo a mermar más si cabe el imperio.  Pero tras esto se levantaron revoluciones en algunas de las provincias romanas que lograron de algún modo salvarlo e hicieron que el poder imperial romano finalmente se trasladara.

Antes de la plaga, la economía imperial se había apoyado en la esclavitud y tras lo sucedido los terratenientes se vieron obligados a conceder parcelas a los trabajadores para que trabajasen sus campos a cambio de brindarles protección militar y ciertos derechos legales. Así fue como dio comienzo la era del feudalismo.

 La Edad Media y la Peste Negra:

En el 1347 la peste negra hizo su aparición en Europa y acabó con un tercio de la población Europea  terminando con 80 millones de vidas. A partir de aquí comenzó a surgir un mundo distinto, un mundo moderno definido por el trabajo libre, la innovación tecnológica y una clase media creciente y en auge.

Tras la muerte de tan ingente cantidad de personas escaseaba la mano de obra lo que otorgó a los campesinos el poder de la negociación, que con los avances tecnológicos y una creciente liberación de las obligaciones feudales animaron a muchos de ellos a trasladarse a las ciudades y dedicarse a otros oficios más técnicos y lucrativos. De estas personas, los más exitosos evolucionaron a lo que llamamos hoy la clase media. Esta creciente transformación social hizo mellas en el desarrollo de la la tecnología, las artes, la ciencia, la literatura y desembocó finalmente en lo que hoy conocemos como el Renacimiento.

¿Qué nos depararán estos nuevos cambios post COVID-19?

Nada nos insta a creer que esta pandemia de la COVID-19 vaya a terminar en un resultado semejante al acaecido antaño en lo concerniente a la mortalidad, ya que es un virus mucho menos mortal y con consecuencias de mucho menor calibre que los citados anteriormente. Pero sí que hay claros indicios que esta pandemia podría traer importantes cambios históricos.

Hoy podemos vislumbrar una fe cada vez más mermada en el sistema liberalista y que cada vez se convence y se centra más en la aceptación de las medidas sociales impuestas intra-COVID cuyo intervencionismo estatal está creando el perfecto caldo de cultivo para que numerosas ideologías evolucionen, se instalen y se propaguen por el mundo pudiendo dar lugar a grandes cambios sociales, políticos y económicos futuros.

También parecen estar desarrollándose unos hábitos sociales y prácticas de trabajo que ya están siendo establecidos y aceptados por casi todos y que éstos podrían afectar al futuro de los comercios, las oficinas y a la implementación y asentamiento de unas medidas restrictivas desarrollando un resultado tan transformador si cabe como lo fueron en aquellas épocas antes citadas de la caída del Imperio Romano y  la llegada del Renacimiento tras las pasadas pestes. En un contexto y resultados obviamente muy distintos, muchos sociólogos, politólogos e historiadores vaticinan ya que nos encontramos en el escenario perfecto para que emerja una cuarta Revolución Industrial que cambie completamente los moldes del mundo sobre los que nos hemos asentado durante ya tantos años.

 
 

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