Buenos tiempos para la comunicación y la desinformación política

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EN TIEMPOS DE LA DESINFORMACIÓN…

A diario nos vemos inundados de mensajes, noticias, vídeos o memes con informaciones sobre la realidad política que, o bien toman la parte por el todo y sacan conclusiones que no tienen nada que ver con la realidad, o bien directamente inventan una historia paralela para crear un discurso tendencioso que erosione la credibilidad y la labor de la posición contraria.

Si bien es cierto que el dicho “barrer para casa” siempre ha existido y siempre va a existir, la aceptación por la mayoría de la población de la parcialidad de los medios de comunicación se ha convertido en una situación incómoda e inaguantable. Ver como discursos claramente tergiversados se llevan a discusión simplemente por no querer darle crédito a la parte contraria o simplemente por no dar el brazo a torcer, terminan en una espiral centrípeta que desemboca en diálogos de besugos que no hacen más que soflamar discursos de los cuales no sacan mayor beneficio que el de no dar la razón al contrario.

En el caso concreto de España vemos como la misma gestión gubernamental se trata por unos como el culmen de la protección social por parte de un gobierno comprometido, mientras que para otros, lo mismo,  es la entrada directa al inframundo, pero coincidiendo ambas en el hecho de estar apoyadas en informaciones carentes de respaldo científico o técnico, ya que ni
interesa esperar a comprobar los resultados de las medidas, ni interesa tampoco cotejar diferentes puntos de vista, ya que a ninguna de las partes le conviene saber qué dice la otra, es mucho mejor asimilar y reproducir un discurso que pensar de forma crítica.

Mientras, al otro lado del Atlántico estamos a una semana vista de unas elecciones que van a ser muy importantes para la evolución de la geopolítica internacional en los próximos años. Trump y Biden se están disputando una presidencia con unos márgenes diferenciales muy bajos en los que unos pocos miles de votos decantarán la balanza para uno u otro bando, y es por ello que la desinformación ha cobrado especial interés para los análisis políticos de campaña, ya que el ruido provoca un
movimiento del voto que puede resultar decisivo para llegar al poder.

AÑO ELECTORAL INTENSO

Para hacer fuego existen multitud de técnicas. De forma sucinta podemos decir que para cualquiera de ellas necesitamos, o bien calentar un elemento combustible mediante fricción, o bien producir chispas golpeando dos materiales adecuados sobre un material fácilmente inflamable.

En EEUU este año hemos tenido todo lo necesario para producir un incendio político. Se produjo una fricción política interesada mediante un proceso de impeachment al presidente actual y candidato a la renovación del mandato, en la que se posicionaron políticamente muchas partes y que sacó a la luz diversos rumores procedentes de los bajos fondos de la política norteamericana.

Además, poco tiempo después, con la llegada a EEUU de la pandemia, el afloramiento de las tan norteamericanas teorías de la conspiración comenzaron a copar la red y los medios de comunicación, tanto en una posición como en la contraria, echando así  más madera a la polarización política de una población que se debate entre discursos científicos y discursos hechos by myself por personal con credenciales técnicas dudosas.

Y por si la temperatura era baja, las chispas saltaron con el Black Lives Matter y el carrusel de disturbios y enfrentamientos en las calles a cuenta de la discriminación racial en suelo norteamericano, salpicando a eventos multitudinarios como fueron los play offs de la NBA, en las que la implicación política de los deportistas profesionales se puso de manifiesto con gestos como la sustitución del nombre de cada jugador en las camisetas por palabras como VOTE o RACIAL JUSTICE.

LA DESINFORMACIÓN ES UN HECHO

Según recoge un artículo del New York Times mediante información extraída por Zignal Labs, una empresa que hace seguimiento de la desinformación online en campaña a través de la gestión de datos procedentes de redes sociales, prensa y televisión, en estos últimos meses ha habido ciertos temas que han copado los principales puestos en cuanto a desinformación se refiere:

  • George Soros: está el primero en la lista en las teorías de la conspiración norteamericanas. Según Zignal, de los casi dos millones y medio de menciones en medios a este señor, casi la mitad iban referidas a la financiación por su parte de movimientos agitadores de izquierda y del Black Lives Matter.
  • Ucrania y el Hunter Biden: durante el proceso de impeachment a Trump, Ucrania fue recurso diario en los medios que trataban dicha información y la aparición de palabras clave como Deep State o WWG1WGA (abreviatura usada por los miembros del movimiento Qanon). Según Zignal, el 34% de las casi diez millones de menciones en medios al caso de Ucrania, se señalaron como vinculadas con la desinformación.
  • El fraude del voto por correo: es la medalla de bronce en esta clasificación y viene referida según la empresa Zignal por la alusión a los términos fraude y estafa en una de cada cinco historias por parte de medios de comunicación como Breitbart, The Gateway Pundit o YouTube.

Hay otros temas que también generaron diversos relatos de desinformación (mascarillas, antifa, hidroxicloroquina,…) según publica el NY Times. Lo que habría que ver ahora es la opinión que tienen sobre el trabajo de Zignal medios de comunicación tipo Fox y cómo demostrarían que lo que para unos son fake news, para otros es la realidad.

En resumen, el principal riesgo es que la desinformación crea tanta opinión como la información, y en un mundo en el que aún muchas personas siguen haciendo gala de una capacidad de elección de sus líderes basada en las siglas del partido, en el color de la corbata o en la correspondiente serie de titulares bien sonantes viralizados ad hoc a través de las redes sociales, la consecuencia es que no se dispondrá de una gestión adecuada de la cosa pública debido a que no se selecciona a lo mejor, sino a aquello que dice lo que quiero escuchar, a pesar de que luego no tenga nada que ver lo dicho con lo hecho.

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